Presbicia después de los 40: mi vista y yo, una historia que empezó en pandemia

Presbicia después de los 40: mi vista y yo, una historia que empezó en pandemia

Esta es la historia real de mi presbicia después de los 40 —bueno, en mi caso, un poquito antes. Todo empezó a los 39 años, en plena pandemia. Trabajando sin parar, con luz o sin luz, sin soltar la computadora ni un segundo. Mis hijos, chiquitos, en kínder y primer grado ahora virtual. Sin nana —ya no estaba, no se podía—, así que todo lo hacía yo sola en casa. Y encima, un encierro que no tenía fecha de expiración.

Ahí, en medio de ese combo perfecto para el desastre, empezó mi presbicia. Como si el cuerpo hubiera dicho: «¿ah, con que quieres seguir mirando pantallas 14 horas al día? Pues toma.»😳

El diagnóstico de mi presbicia después de los 40 (y la caída en picada que vino después)

Lentes de lectura sobre un escritorio, símbolo de la presbicia después de los 40

En cuanto se pudo fui a revisarme la vista, me pusieron mis primeros lentes: 0.5, solo para ver de cerca. Nada del otro mundo, pensé. Un ajustecito menor.

Pues no. En menos de un año ya tenía lentes bifocales. Y de ahí para adelante ha sido una caída en picada: cada 6 meses tengo que actualizar la fórmula. Hoy en día hasta mis lentes de jugar pádel tienen graduación, porque si no, veo todo borroso —y ya bastante me cuesta darle a la bola como para encima no verla venir 😅.

Y por si fuera poco: el ángulo estrecho (mi susto de este año)

Como si la presbicia después de los 40 no fuera suficiente drama para una sola vista, este año me llevé otra sorpresa en una de mis revisiones oculares: me detectaron ángulo estrecho en ambos ojos.

Para quien no sepa qué es —yo tampoco tenía idea hasta que me tocó—: es básicamente que el ángulo por donde drena el líquido dentro del ojo es más angosto de lo normal. No duele, no se nota, no da síntomas… hasta que un día ese ángulo se cierra del todo y ahí sí es una urgencia real, porque puede desencadenar un glaucoma agudo (te puedes quedar ciega). Osea, una alerta a futuro, sin fecha cierta de «catástrofe», pero real.

Revisión oftalmológica del ángulo estrecho, parte del proceso de la presbicia después de los 40

La solución, por prevención, es hacerte una iridotomía láser: básicamente, el oftalmólogo te abre unos huequitos diminutos en el iris para que, si el ángulo llega a cerrarse algún día, el líquido tenga por dónde salir igual y nunca se dispare la presión del ojo. Ambulatorio, rápido, en consultorio. Pero no se los voy a mentir: la sola idea de que me iban a hacer huequitos en los ojos me daba una grima espantosa.

El día de la intervención puse la carita en la máquina, el doctor me sostenía la cabeza con una mano para que no me moviera ni un milímetro, y con la otra disparaba el láser. Sonaban como una especie de escopetazos huecos, y sentía un «toc» en el ojo con cada disparo. En el ojo derecho bastaron 2 disparos y el doctor dijo «perfecto, listo». En el izquierdo… fueron como 15. Ahí casi me desmayo —no de dolor, sino del puro escalofrío de imaginarme mi ojo izquierdo convertido en un colador. Literal.😩

El doctor me explicó que a veces el iris es más grueso y cuesta más abrir el huequito, por eso a veces se necesitan varios intentos antes de lograrlo. Aun así, días después fui con otro oftalmólogo solo para confirmar con mis propios ojos (con perdón del chiste) que mi ojo izquierdo no había quedado convertido en un colador de verdad. Y todo estaba como debería.

Moraleja: dan ganas de salir corriendo cuando te dicen «te vamos a hacer huequitos en el ojo», pero al final es rápido, y es muchísimo mejor prevenir que terminar perdiendo la vista por algo que se pudo evitar a tiempo.

El intento fallido con lentes de contacto

Intento de ponerse lentes de contacto frente al espejo, anécdota de la presbicia después de los 40

En algún punto cuando llegó la necesidad real de usar lentes para ver pensé: «bueno, probemos con lentes de contacto.» Grave error, o al menos grave para mí.

En la óptica todo se veía facilísimo: la señorita me explicó paso a paso cómo ponérmelos y quitármelos, y yo asentía muy segura, «sí, sí, ya entendí». Mentira. Llegué a mi casa y fue un desastre total. No sentía nada, no veía nada, no tenía ni idea de cómo ponérmelos ni cómo quitármelos —todo lo que en la óptica parecía tan sencillo, en mi baño se convirtió en una escena de comedia. Terminé casi sacándome un ojo del susto, tratando de retirármelos con las uñas. Estaba convencidísima de que me había rayado la córnea —al final no pasó, gracias a Dios—, pero el drama en el momento fue real. Miedo total a hacerme daño, cero destreza, y al final desistí. Me resigné a mis lentes de toda la vida, los tradicionales, los de culo de botella jajaja.

Y honestamente, hoy lo disfruto: cada tanto me compro monturas nuevas que me parezcan coquetas, buscando verme bien, guapa, interesante… todo menos vieja😂. Porque si me toca usar lentes el resto de mi vida, que al menos sean bonitos y tenga una variedad de donde elegir y que pueda usar según me sienta ese dia.

El otro invitado que llegó para quedarse: el síndrome del ojo seco

Con la edad también llegó la resequedad, y mis ojitos no se escaparon de eso. El famoso ojo seco entró en mi vida hace tiempo y, hasta ahora, no ha dado señales de querer irse. Ya escribí sobre esto con más detalle en mi artículo sobre el ojo seco después de los 40, pero les cuento por acá lo que a mí me ha funcionado (aquí uso algunos links de afiliados de Amazon —más detalles al final del artículo):

Tomo unas pastillas (1 en la noche) que compro en Amazon llamadas HydroEye (aquí el enlace directo al producto), que me han ayudado muchísimo. Y en el día a día uso gotas Systane Complete, que me aplico 3 veces al día para mantener los ojos lubricados y poder seguir frente a la computadora sin problema.

Aplicación de gotas para el ojo seco, un síntoma común junto a la presbicia después de los 40

Lo que dicen los expertos (por si no me creen solo a mí)

Para no quedarme solo con lo que a mí me ha funcionado, investigué un poco qué dice la ciencia sobre la presbicia después de los 40, y encontré algunas cosas que me hubiera gustado saber desde el principio:

Según Cleveland Clinic, la presbicia ocurre porque el cristalino del ojo pierde elasticidad con la edad, y lo normal es que la mayoría de los adultos necesite un examen ocular cada uno o dos años —así que si notas visión borrosa de cerca, dolores de cabeza o fatiga ocular, vale la pena adelantar la cita, no esperar a que empeore. Además de los lentes de toda la vida (de lectura, bifocales, progresivos) y las opciones de lentes de contacto multifocales o de monovisión, mencionan que ya existen gotas oftálmicas aprobadas para mejorar la visión de cerca —algo que definitivamente voy a preguntarle a mi oftalmólogo en mi próxima cita.

Un artículo de Infobae agrega que factores como la hipermetropía, la diabetes o incluso ciertos medicamentos (antihistamínicos, antidepresivos) pueden acelerar la llegada de la presbicia, y recomienda proteger la vista con lentes de sol y cuidar la fatiga visual por el uso de pantallas —justo lo que a mí me sobraba en pandemia 🙃.

Y algo que me pareció clave: según Acuvue, la perimenopausia y la menopausia no causan la presbicia en sí (esa es puramente cosa de la edad del cristalino), pero sí pueden traer más sequedad ocular por la baja de estrógeno, lo cual hace que todo el tema de ver de cerca se sienta todavía peor. O sea, no es que estén relacionadas directamente, pero cuando te llegan juntas —como me pasó a mí— el combo se siente mucho más intenso. Su recomendación es la misma: exámenes anuales después de los 40, y no dejar pasar los síntomas pensando que «así es la vida ahora.»

En resumen, estas son señales de que ya es hora de pedir cita con el oftalmólogo (yo las ignoré un tiempito antes de hacerlo😅):

• Te cuesta enfocar letra pequeña o el celular, y terminas alejando todo para «verlo mejor».

• Te dan dolores de cabeza o fatiga ocular después de leer o de estar frente a pantallas.

• Sientes los ojos secos, irritados o arenosos casi todos los días.

• Tienes más de 40 años y no te has hecho un examen ocular completo en el último año.

Y algo que aprendí por las malas: un examen de rutina no es solo para revisar cuánto ves. También puede detectar cosas como el ángulo estrecho, que no da ningún síntoma… hasta que ya es demasiado tarde.

Cómo llevo hoy mi presbicia después de los 40

Si me preguntan, no todos los días abrazo el cambio con la misma actitud. Si agradezco apenas abro los ojos como rutina, pero luego hay días que me resisto, que me da fastidio tener que buscar los lentes para leer la hora o un mensaje del celular. Pero al final no queda de otra: para adelante.

Vivir la presbicia después de los 40 no siempre ha sido fácil, pero he aprendido a verle el lado positivo. Cada lente nuevo, cada montura que estreno, es una excusa más para reinventarme un poco. Y honestamente, cada vez me veo más interesante y me importa menos lo que piensen de mí los demás (ventajas de la edad😉) jajaja.

Mujer sonriente con lentes nuevos, viviendo con confianza la presbicia después de los 40

¿A ustedes también les llegó la presbicia después de los 40, antes de tiempo o de sorpresa? ¿O son de las que, aunque ya no ven bien, le huyen a los lentes con tal de no aceptarlo —y terminan forzando la vista, con tal de aguantar sin ellos? Cuéntenme en los comentarios a qué edad les tocó y cómo lo han llevado.


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Este artículo cuenta mi experiencia personal y no sustituye una consulta médica. Cada ojo (¡y cada iris!) es distinto, así que ante cualquier duda o síntoma, lo mejor es consultar siempre a tu oftalmólogo de confianza

Cada día es un regalo, y elijo vivirlo agradeciendo la bendición de estar aquí. Gracias por existir, por soñar, y por permitirme acompañarte. Somos uno con el Universo.

Bienestar con 40❤️


2 responses to “Presbicia después de los 40: mi vista y yo, una historia que empezó en pandemia”

  1. Avatar de SILVIA Snyder
    SILVIA Snyder

    Me gusto mucho. Muy completo. Basado en tus autenticas vivencias. Ayuda a sentir:»Esto no solamente me esta pasando a mi». Gracias!!!
    Me encanta reir y tu articulo me hizo reir en algunos momentos. Gracias 🙏

  2. […] notas que cada vez te cuesta más enfocar de cerca, no eres la única: te cuento todo sobre la presbicia después de los 40 en otro […]

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