Por qué a los 40 las pesas no son suficientes: mi historia con el pádel

Por qué a los 40 las pesas no son suficientes: mi historia con el pádel

Llevo tres años jugando pádel y todavía recuerdo la primera vez que pisé una pista. No sabía ni agarrar la pala bien. Hoy es, sin exagerar, mi momento de felicidad de la semana.

Y no es casualidad que lo diga así, «momento de felicidad», porque después de los 40 el ejercicio deja de ser solo una cuestión de mantenernos en forma. Se convierte en una actividad de desahogo y conexión con el ahora, sin pensar en nada más que pasar la bola y no botarla 😅.

Esta es la historia de cómo terminé combinando pesas y pádel después de los 40, y por qué para mí esa mezcla lo cambió todo.

Pesas y pádel después de los 40: por qué una sola no basta

Sabemos que a partir de los 40 la fuerza es innegociable: el entrenamiento de fuerza nos ayuda a proteger la masa muscular, la densidad ósea y el metabolismo, todo lo que empieza a cambiar con la llegada de la perimenopausia y la menopausia.

Pero las pesas solas no me llenaban. Necesitaba algo más: algo que me sacara de la rutina, que me pusiera en movimiento con otras personas, que me hiciera reír a mitad de un peloteo aunque hubiera fallado el tiro. Para ti puede ser correr, nadar, bailar. Para mí fue el pádel, y desde que lo encontré no he vuelto a verlo como «hacer ejercicio»: es mi rato de la semana que es solo para mí.

Esa combinación (fuerza + algo que te apasione y te mueva el cuerpo de otra forma) es, para mí, la fórmula real para sostener la energía, el ánimo y la salud después de los 40. Las pesas cuidan el cuerpo. El pádel, o lo que sea que elijas, cuida el espíritu❤️.

Lo esencial para lanzarte a la pista

Si te está picando la curiosidad, esto es todo lo que necesitas además de las ganas:

La pala. No hace falta gastar una fortuna al empezar, pero si quieres algo bueno de entrada sin experiencia previa en deportes de raqueta, la Bullpadel Indiga Woman, es excelente y tiene buenos reviews en Amazon, si vienes del tenis te recomiendo la Bullpadel Ionic Light o Bullpadel Vertex 05 Woman, que es la que tengo yo, buen equilibrio entre potencia y control, forma diamante y muy buena valoración de quienes ya la usan.

Las zapatillas. Aquí no vale cualquier zapatilla de correr: el pádel exige movimientos laterales constantes y una suela pensada para pista. Las ASICS Gel-Resolution 9 tienen mejor soporte y absorción de impactos, son de las más recomendadas: cómodas, con buen agarre y a un precio muy accesible para empezar.

Lentes para protegerme de los pelotazos… y también para poder ver

No sé si les pasa a todas, pero después de los 40 siento que cada vez veo un poquito peor. Así que, por fuerza y necesidad, tuve que comprarme unos lentes para jugar pádel.

El problema es que no todos los lentes de protección permiten colocarles tu fórmula. Y, claro, además de protegerme de un pelotazo, también necesito ver bien para tener alguna posibilidad de darle a la bola.

Después de buscar bastante, encontré unos que me resultaron cómodos, prácticos y económicos. Puedo colocarles mi fórmula, jugar protegida y, lo más importante, ¡no pelar tantas bolas!

Les dejo el enlace de Amazon por si también les interesa.

Mujer con lentes deportivos para jugar pádel después de los 40

Ropa cómoda. No necesitas equipo especial, con ropa deportiva que ya tengas es suficiente. Pero por si te gusta hacerte autoregalos (como a mi 😉), les dejo el enlace de un modelo de falda de padel en Amazon que me encantó y me la compre de varios colores.

Clases con un profesor. Este es, para mí, el paso que más acelera todo. Ir directo a jugar un partido sin haber tocado antes la pala puede ser frustrante. Dos o tres clases básicas en un club cercano te dan la técnica de golpe, el manejo de la pared y las reglas esenciales, y en poco tiempo ya puedes disfrutar de un partido de verdad en lugar de perseguir la pelota. Busca un club de pádel cerca de ti, la mayoría ofrece clases sueltas o packs de iniciación para empezar sin compromiso.

Así empezó mi historia con el pádel

Hace unos tres años empecé a escuchar una palabra por todas partes: pádel. En el trabajo, con amigas, en conversaciones casuales… «Voy a jugar pádel», «el pádel es demasiado divertido», «tienes que probarlo». Y un día pensé: bueno, ¿por qué no?.

Estaba buscando algo que me ayudara a conectar, a sentirme bien conmigo misma y a hacer ejercicio de una manera diferente al gimnasio. Correr no era una opción para mí porque me molestaban las rodillas, así que decidí probar pádel. Pero quise empezar bien, con clases.

Mis primeras clases: coordinación, miedo y muchas risas

Comencé con un grupo de tres mujeres más que también estaban empezando, y ahí descubrí que el pádel tiene mucho más que ver con la coordinación de lo que imaginaba: aprender a moverse, recibir la pelota, coordinarse con la «Partner» y superar el miedo de que una pelota mal recibida terminará golpeandote.

De esas clases salieron dos cosas maravillosas: hice amigas —una de ellas, Gaby, quien sigue siendo hoy una amiga muy querida— y, poco a poco, me fui enamorando del pádel. Ya no se trataba solo de hacer ejercicio; quería aprender más, jugar mejor y sentir que avanzaba.

El error de mi primera pala (y la definitiva)

Como buena principiante, pedí recomendaciones a personas que llevaban años jugando pádel. Me aconsejaron buenas palas pero pesadas, al poco tiempo comenzó a dolerme el codo. Llegué a pensar que tendría que dejar el pádel, hasta que, casi de casualidad, descubrí que el peso de la pala estaba complicando el asunto. Entonces me di el gusto de comprar la pala que uso actualmente y, desde ese momento, he sido feliz: no he vuelto a sentir molestias y la pala se adapta perfectamente a lo que yo necesito. Al final, entendí que no se trata de comprar la pala que le funciona a los demás, sino la que realmente funciona para ti.

Mujer jugando pádel después de los 40, combinando pesas y pádel para mantenerse en forma

Mi consejo: no compres cualquier pala. Prueba diferentes pesos y modelos y busca la que esté adaptada a ti, pero siempre valida que sean de mujer, porque son más livianas. Con el tiempo me enamoré de la Bullpadel Vertex —la misma que ya te recomendé arriba— y cada cierto tiempo me doy el gusto de comprar la versión más nueva. Pero que sea mi favorita no significa que tenga que ser la tuya: la pala ideal depende de tu nivel, tu fuerza y el peso que puedas manejar cómodo. Lo importante es probar hasta encontrar la que se sienta bien en tu mano.

Los zapatos: el otro gran protagonista

En el pádel los pies trabajan muchísimo: pequeñas carreras, frenadas y cambios de dirección constantes. Solemos pensar en las rodillas, pero los pies también sufren. Por eso mi recomendación, después de varios años jugando, es invertir en buenos zapatos de pádel, con buena amortiguación y que te resulten cómodos.

Dos trucos que me han ayudado mucho y de los cuales hablo en mi artículo especial del cuidado de los pies: los metatarsal pads, que uso para proteger la zona del pie que recibe más roce y presión durante el juego; y unas capuchas o protectores para los dedos gordos —algunas hasta vienen con aceite de coco— si sientes mucha presión o se te parten las uñas. A mí me funcionan y no me molestan, pero pruébenlos con cuidado y elijan bien la talla: si quedan muy grandes o gruesos, pueden resultar incómodos.

No estás jugando una final del mundo: cuida tus rodillas

El pádel tiene que ayudarte a sentirte mejor, no a lesionarse (y 👀 es muy fácil lesionarse – yo tengo dos operaciones de rodilla por el pádel – despues les cuento sobre esto🙈). No vale la pena una estirada imposible, una caída mala o forzar una rodilla o tobillos, por salvar un punto. Mi regla es sencilla: primero la salud. Disfruta, compite, mejora, pero aprende también a escuchar tu cuerpo, si duele para.

Cuidar las rodillas al jugar pádel después de los 40 para entrenar sin lesionarte

Este es probablemente uno de mis consejos más importantes. Cuando estamos empezando y también cuando agarres confianza, nos emocionamos: queremos llegar a todas las pelotas y demostrar que podemos. Pero no. Si una pelota está demasiado lejos o el movimiento puede comprometer tus piernas, déjala pasar. No pasa nada. No estás jugando una final del mundo.

Después de jugar: cuida tu cuerpo

Un consejo que parece pequeño pero es importante: no te quedes con la ropa sudada. Si puedes, cámbiate completa antes de irte del lugar donde juegas —la humedad y el roce pueden irritar la piel, sobre todo donde la ropa queda más pegada. Y cuando llegues a casa, cuida también los pies: una buena crema reparadora con urea en las zonas de más roce ayuda muchísimo, y si te pones bastante, unas medias para dormir dejan que la piel se recupere durante la noche.

Y la otra mitad: la proteína

Si además tienes más de 40, la alimentación merece atención. El pádel pide energía, así que los carbohidratos tienen su lugar, pero la proteína es clave para mantener la masa muscular. No se trata de eliminar nada, sino de comer equilibrado. (En otro artículo del blog profundizo en cómo organizar la proteína después de los 40, y en el batido que estoy tomando ahora mismo.)

Lo que me hubiera gustado saber cuando empecé

Si pudiera volver al primer día que entré a una pista de pádel, me diría cinco cosas:

  1. Empieza con clases: aprender la técnica desde el principio te ahorra muchos malos hábitos.
  2. Prueba la pala antes de enamorarte de una marca: el peso y el balance importan muchísimo. Liviana mejor 😉.
  3. Invierte en buenos zapatos: tus pies te lo van a agradecer. Y cuidalos después…
  4. No arriesgues una rodilla o un tobillo por una pelota: ningún punto vale una lesión. Tu Partener lo debe entender, sino buscate otra✌🏻…
  5. Combina el pádel con fuerza y una buena alimentación: así podrás disfrutarlo mucho más tiempo.

Y así fue como me enamoré del pádel

Lo que comenzó como una búsqueda de algo diferente terminó siendo una de las cosas que más disfruto hacer: ejercicio, amigas, retos y una nueva motivación para seguir mejorando. Y quizás eso es lo que más me gusta del pádel: que no tienes que ser profesional para apasionarte.

Así que, si estás pensando en empezar: prueba. Empieza poco a poco, aprende, cuida tu cuerpo y disfruta muchísimo.

No hace falta que sea pádel. Puede ser nadar, correr, bailar, lo que sea que te devuelva la energía en lugar de quitártela. Lo importante es que, además de las pesas, tengas algo que sea solo tuyo, ese ratito de la semana que esperas con ganas.

¿Ya tienes ese «algo» en tu vida, o todavía lo estás buscando? Cuéntamelo en los comentarios.

Una nota importante sobre los enlaces de Amazon

Este artículo incluye enlaces de afiliados de Amazon. Si compras a través de ellos, puedo recibir una pequeña comisión, sin ningún costo adicional para ti. Solo comparto productos que conozco, utilizo o que he investigado personalmente y que considero interesantes para mis días de pádel.

Cada día es un regalo, y elijo vivirlo agradeciendo la bendición de estar aquí. Gracias por existir, por soñar, y por permitirme acompañarte. Somos uno con el Universo.

Bienestar con 40❤️


3 responses to “Por qué a los 40 las pesas no son suficientes: mi historia con el pádel”

  1. Avatar de Nela
    Nela

    Que espectacular…todo es una realidad con mucho que aprender

  2. Avatar de Móni M
    Móni M

    Muy buenas reseñas Yoa!! en cuanto a pala me quedo con la Adidas Cross It Light, en el resto totalmente de acuerdo..🤗

  3. […] De hecho, cuento con más detalle cómo llegué al pádel y por qué complementar las pesas con esta actividad marcó la diferencia en por qué a los 40 las pesas no son suficientes: mi historia con el pádel. […]

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