Después de los 40: honro quien fui, y abrazo quien quiero ser

Después de los 40: honro quien fui, y abrazo quien quiero ser

Hay un momento, después de los 40, en el que algo cambia.

No necesariamente pasa algo grave. No hay una crisis evidente. La casa está en orden, los hijos están bien, el trabajo funciona, tienes amigos, haces ejercicio, intentas comer saludable, cumples con todo lo que se supone que tienes que cumplir.

Tu vida, en teoría, está bien.

Pero por dentro aparece una pregunta que no sabes muy bien de dónde viene:

¿Y esto es todo?

Y lo más desconcertante es que no sabes exactamente qué te falta.

Sigues haciendo lo mismo que hacías antes. Corres de un lado a otro. Trabajas. Resuelves. Organizas. Cuidas. Acompañas. Haces ejercicio. Comes saludable. Estás pendiente de los hijos, de la pareja, de la casa, de los amigos, de todo.

Eres la directora de orquesta de una vida que has construido durante años.

Y, sin embargo, un día esa música deja de sonar igual.

Lo que antes te llenaba, ya no te llena de la misma manera.

Y entonces aparece esa sensación extraña de vacío.

No porque no tengas nada.

Sino porque quizás tienes muchas cosas, pero te falta algo que no se compra, no se agenda y no se resuelve con una lista de pendientes:

Propósito.

¿Por qué ahora?

Esa es quizás la primera pregunta que nos hacemos.

¿Por qué ahora?

¿Por qué, si estaba bien o creía que lo estaba, viene esta sensación a complicarme la vida?

Si durante años funcioné así. Si fui «feliz» así. Si tenía mil cosas que hacer y no tenía tiempo ni para pensar.

¿Por qué ahora necesito preguntarme qué quiero?

Tal vez porque durante mucho tiempo estuvimos demasiado ocupadas para hacernos esa pregunta.

Primero fueron los estudios. Después el trabajo. La pareja. Los hijos. La casa. Las responsabilidades. La estabilidad. El crecimiento profesional. La familia.

Y mientras construíamos nuestra vida, también fuimos construyendo una identidad basada en lo que hacíamos por los demás.

Hasta que un día los hijos crecen un poco, el trabajo se vuelve aburrido, la rutina se vuelve simple y empiezas a tener pequeños espacios para escuchar algo que antes quedaba escondido debajo del ruido:

Tu propia voz.

Y esa voz empieza a preguntar:

¿Quién soy yo además de todo lo que hago?

¿Qué quiero?

¿Qué me gusta?

¿Qué me emociona?

¿Qué me hace sentir viva?

¿Qué quiero hacer con mi tiempo?

Y quizás la pregunta más difícil:

¿Qué quiero para mí?

El tiempo empieza a sentirse diferente.

Hay algo que cambia después de los 40: empiezas a ser más consciente del tiempo.

Ya no lo sientes infinito.

Empiezas a entender que los años pasan. Que los hijos crecen. Que los padres envejecen. Que las etapas se terminan. Que algunas oportunidades no vuelven.

Y entonces tu tiempo adquiere otro valor.

Y aparece una pregunta incómoda:

¿De verdad quiero seguir entregando la mayor parte de mi tiempo a cosas que no me llenan?

No significa que no amemos a nuestros hijos.

No significa que no nos guste nuestro trabajo.

No significa que no queramos a nuestra pareja.

No significa que debamos abandonar todo y empezar de cero.

Significa simplemente preguntarnos si, dentro de esa vida que hemos construido, también hay espacio para nosotras.

Porque podemos pasar años cuidando a todos y olvidarnos de preguntarnos cómo queremos vivir nosotras.

El problema es que no siempre sabemos qué queremos.

Y aquí está quizás la parte más frustrante.

Cuando finalmente nos preguntamos ¿qué quiero?, muchas veces no tenemos la respuesta.

Buscamos una actividad nueva. Un viaje. Un curso. Una afición. Algo que nos distraiga.

Y puede funcionar durante un rato.

Pero luego vuelve la sensación.

Porque quizás no estamos buscando simplemente algo nuevo que hacer.

Estamos buscando algo que tenga sentido para nosotras.

Y encontrarlo no siempre ocurre rápido.

De hecho, puede ser desesperante, me ha pasado.

Mientras más piensas: «¿Cuál es mi propósito?», menos respuestas aparecen.

Y quizás porque el propósito no se encuentra pensando más fuerte.

Quizás se encuentra escuchando más profundo.

Volver hacia adentro.

Tal vez esta etapa requiere algo que no estamos acostumbradas a darnos:

Paciencia con nosotras mismas.

Ternura.

Silencio.

Espacio.

Tiempo.

En vez de exigirnos encontrar inmediatamente una nueva pasión, un nuevo trabajo, una nueva misión o una gran respuesta, quizás tenemos que empezar por algo mucho más sencillo:

Volver a conocernos.

Preguntarnos qué nos gusta.

Qué nos da curiosidad.

Qué nos emociona.

Qué nos hace perder la noción del tiempo.

Qué conversaciones nos despiertan.

Qué cosas nos gustaría aprender si nadie estuviera esperando nada de nosotras.

Qué haríamos si no tuviéramos que demostrarle nada a nadie.

Y, sobre todo:

¿qué quiero para mí?

No qué debería querer.

No qué espera mi familia.

No qué se supone que debería hacer una mujer de mi edad.

No qué sería más conveniente.

¿Qué quiero yo? ¡Guao! ¡¡Por fin!!

Mujer sonriendo sentada junto a un ramo de flores de colores, símbolo de volver a conectar consigo misma después de los 40

Quizás la respuesta no llega inmediatamente.

Y está bien.

Porque tal vez este momento no se trata de encontrar rápidamente una respuesta.

Tal vez se trata de empezar a hacernos la pregunta.

¿Y qué pasa con una misma?

Quizás esa sea la gran pregunta de esta etapa.

Después de tantos años siendo mamá, pareja, profesional, amiga, hija, hermana, organizadora, cuidadora, proveedora, resolutiva…

¿qué pasa conmigo?

¿Quién soy cuando no estoy resolviendo algo para alguien más?

¿Qué queda cuando quito todas esas etiquetas?

Puede dar miedo.

Pero también puede ser profundamente liberador.

Porque quizás después de los 40 no empieza el declive.

Quizás empieza una etapa de mayor conciencia.

Una etapa en la que ya no queremos vivir solamente porque «así toca», eso fue lo que elegí hace 25 anos atrás….

Queremos elegir.

Queremos sentir.

Queremos experimentar.

Queremos conectar.

Queremos que nuestro tiempo tenga significado.

Y quizás el propósito no sea una gran misión que aparece un día mágicamente.

Quizás el propósito se va construyendo poco a poco, a medida que volvemos a escuchar quiénes somos y nos redescubrirnos.

Después de los 40, quizás la vida no nos está diciendo que algo está mal.

Quizás nos está haciendo una invitación.

Una invitación a detenernos.

A mirar hacia adentro.

A preguntarnos, con honestidad y sin miedo:

¿Qué quiero para mí?😊

Y quizás, por primera vez en mucho tiempo, empezar a buscar la respuesta no para ser mejores para alguien más.

Sino simplemente para sentirnos más nosotras.  Conectarnos con esa niña interior que sigue ahí pero dejo de divertirse hace rato…

Porque después de tantos años dedicados a construir una vida, ser responsable, ser adulto…

también tenemos derecho a preguntarnos cómo queremos vivirla.

Este es el primer artículo de una serie de dos partes. Ya puedes leer la Parte 2, donde hablamos del propósito, la felicidad y esa voz interior que no se calla.

Mujer sonriendo con luz natural en un balcón, en paz consigo misma después de los 40

Cada día es un regalo, y elijo vivirlo agradeciendo la bendición de estar aquí. Gracias por existir, por soñar, y por permitirme acompañarte. Somos uno con el Universo. — Bienestar con 40


2 responses to “Después de los 40: honro quien fui, y abrazo quien quiero ser”

  1. Avatar de SILVIA Snyder
    SILVIA Snyder

    Simplemente, fascinante.

  2. […] Ese mismo espíritu es del que hablo en otro artículo, donde cuento cómo honro quien fui y abrazo quien quiero ser. […]

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